Publicado: 29 de Octubre de 2018

La vuelta a España en vehículo eléctrico organizada por Endesa recorre Aragón para poner patas arriba el concepto tradicional que tenemos de las gasolineras. ¡Bienvenidas, electrolineras!


¿Recuerdan cuando se enseñaba en los colegios que la península Ibérica podía ser recorrida por una ardilla de árbol en árbol sin tocar el suelo? No sabemos si tal afirmación se basó en una prueba empírica. Lo que sí es una realidad es que España ya se puede cruzar de punta a punta en vehículo eléctrico. Es decir, sin consumir una gota de combustible.

Actualmente existen más de 4.000 puntos de carga para vehículos eléctricos dispuestos por todo el país, con las provincias de Barcelona, Madrid y las Islas Baleares a la cabeza. La cifra, sin embargo, es de difícil concreción debido a su constante aumento. Por ejemplo, empresas como Endesa prevén la instalación de 600 supercargadores de 50 kilovatios en los próximos años, un importante salto adelante que mejorará la calidad del servicio y permitirá, de media, recargar hasta el 80% de la batería del coche en apenas 20 minutos.

¿Suficiente? Quizá para recorrer el país, pero aún no para cumplir con las directrices de la Unión Europea con las que España se ha comprometido: reducir la emisión de gases de efecto invernadero en 2030 en un 26%, cifra que aumentará hasta entre un 80% y un 95% antes de 2050. Y la forma fundamental para lograrlo es renovar el parque de vehículos hacia los eléctricos y aumentar las electrolineras, es decir, aquellos lugares en los que se pueda cargar el coche con electricidad.

Cambio de paradigma

La gran novedad es que esas electrolineras no se concebirán como a día de hoy entendemos las gasolineras. Ya comienza a ser habitual que el propio garaje sea el lugar en el que enchufar el coche y, en breve, lo serán otros lugares como restaurantes, cafeterías u hoteles. Según Jorge Badía, trabajador de Endesa en Implantación de Sistemas Informáticos y nuestro conductor en la tercera etapa de la Vuelta (Eléctrica) a España entre Alcañiz (Teruel) y Huesca, repostar será “la excusa perfecta para estirar las piernas y no solo tomarse un café, sino tomarse un respiro” aprovechando las instalaciones de estos negocios.

ampliar fotoVehículo eléctrico en un punto de recarga en Huesca. JAIME MASSIEU

Badía pone como ejemplo la propia red de Tesla, presente en hoteles a lo largo de las principales vías de comunicación, que permite a sus usuarios recargar sus vehículos mientras recorren no solo España, sino toda Europa, distribuidos de manera que el conductor pueda planificar su viaje siempre con la seguridad de tener un punto de carga en su camino antes de agotar la autonomía de las baterías.

Además, son los propios conductores los que demandan estas mejoras. Según los datos del Observatorio Cetelem sobre el Sector del motor 2018 recogidos por la Dirección General de Tráfico, el 36% de los futuros compradores de un vehículo prefiere un híbrido o un eléctrico. Sin embargo, un 40% de ellos no lo hará si no está seguro de que tendrá las suficientes facilidades para cargar la batería. El esfuerzo debe incrementarse si se tiene en cuenta que, según la consultora Deloitte, España necesita unos 300.000 coches eléctricos para 2020 y cerca de 11.000 electrolineras rápidas o semirrápidas (que tardan entre dos y tres horas en cargar el 80% de la batería) para cumplir con los objetivos acordados con la Unión Europea.

La gran prueba del circuito

La tercera etapa de esta Vuelta (Eléctrica) a España pone de manifiesto, además, la potencia de un vehículo con baterías. El circuito de Motorland, en Alcañiz (Teruel), es el lugar en el que el Kia Soul que nos acompaña se pone a prueba junto a dos Kia Niro PHEV. Nada más dar la salida, el Soul se catapulta hacia la primera curva dejando atrás a los otros: la potencia de salida de un eléctrico puro es claramente superior. No hay tiempos por vuelta, ni falta que hace; el comportamiento de los coches sorprende para bien. Gracias a llevar las baterías instaladas en la parte inferior, el centro de gravedad es muy bajo y esto se deja notar. El paso por curva es muy estable y preciso, sobre todo para un coche que nunca se diseñó para rodar en circuito, y los 160 kilómetros por hora de punta que alcanzamos a final de recta son más que suficientes.

Tras esta experiencia, la ruta vuelve a la normalidad. Destino: Huesca. Hasta allí, el recorrido transcurre por paisajes muy áridos, solo interrumpidos por pequeñas poblaciones. El camino pasa por Híjar, Azaila o Quinto de Ebro y Jorge Badía, conocedor de la zona, señala los distintos campanarios que se ven sobre los tejados y explica las características arquitectónicas que presentan. Conocida también como La ruta del tambor, esta etapa es rica no solo en historia, sino también en costumbres y por sus productos: melocotón, aceite de oliva o vino, entre otros. El campo queda atrás rápidamente y pronto se hace visible la capital oscense. Como ya va siendo habitual, los tres coches llegan en silencio a la plaza de Navarra, donde vecinos y paseantes los reciben con algún aplauso incluido. Nosotros, mientras, ya tenemos en mente la siguiente etapa, que supondrá un importante salto en todos los sentidos: Lanzarote.